sábado, 20 de marzo de 2010

La Decisión.



A las 13:40 horas habíamos llegado a la zona conocida como Las Siete Curvas. Apreciamos desde uno de sus balcones naturales la belleza del Desierto del Diablo y de un paisaje como pocos en el mundo, muy parecido al Planeta Marte. Estuvimos allí durante unos siete u ocho minutos y luego bajamos.
Abajo, en el del Desierto del Diablo, nos esperaba Chugo y Deborah junto al "tractor". 
Se encontraban tomando algunas fotos y de paso esperándonos para comunicarnos una decisión que iba a ser irrevocable.


La idea de Chugo era ir probando un poco el terreno y el andar del Renault 12 y si bien no ha presentado ningún tipo de inconvenientes, ellos han  considerado que no había garantías para poder seguir, máxime cuando en realidad teníamos por delante al día siguiente el tramo Salar de Pocitos - Antofagasta de la Sierra  en el cual el auxilio iba a ser de escaso - si llegaba a pasar algún camión minero - a nulo. El motivo era justamente que las reparaciones provisorias que había tenido el auto en Tolar Grande no ofrecían seguridad - o por lo menos así era considerado por Chugo y Deborah.
Al llegar allí Chugo nos expuso las motivaciones que los llevaron a tomar esa decisión y nos pidieron esta vez que por ellos mismos pudiéramos terminar el recorrido tal como lo hemos planificado.
Sin dudas para Juan y para mi era una decisión sorprendente, dolorosa - por todo lo vivido juntos en estos días - y que no nos gustaba, a lo que le insistimos que reconsideraran lo que nos decían.
Se trataba de una decisión firme, no hubo forma de convencerlos.
Pensándolo a la distancia, creo que ha sido una sana decisión. Si le hubiera pasado algo malo en el camino seguramente hubiera sido un gran dolor de cabeza para la travesía y, por encima de ello, para sus dueños.
Podía haber hecho la travesía entera...no lo sabremos nunca e intentar saberlo o ponernos a debatir a la luz del tiempo si hubiera podido hacerlo o no sería una discusión metafísica que no tiene sentido, lo hecho, hecho está, y la decisión tomada en ese momento fue que una vez llegados a Salar de Pocitos, ellos continuarían por la Ruta 27 hasta Caucharí y de allí por la Ruta Nacional 51 hasta San Antonio de los Cobres.
Si a mi me preguntan si lo hubiera podido lograr, puedo asegurarles que seguramente lo hubiera logrado sin inconvenientes.


El tractor en el Desierto del Diablo (Foto Gentileza de Chugo).




El Renault 12 de Chugo y Deborah es sin dudas esos autos fieles en el que entre sus dueños y él hay una química especial que los hacen inseparables, inescindibles uno del otro y, una vez reparado a nuevo, sigue y sigue recorriendo las Rutas Argentinas y mucho más también y sino miren aquí.
Atravesamos el Desierto del Diablo. En una de las puntas se encuentra Las Siete Curvas, en la otra, se encuentra la Catedral y en el medio una amplia planicie de tierras rojas.






Antes de sentir como nos deglutían las montañas coloradas que conforman la Catedral y de "perdernos" en la belleza del Laberinto, tomamos una foto del pequeño cartel que habíamos visto a nuestra ida y que señala una de las bifurcaciones que tiene la Ruta Provincial 27 en su camino a Tolar Grande en donde se divide en una variante para tránsito pesado - que evita las siete curvas - y otra para el tránsito liviano que fue la que usamos nosotros tanto a la ida como a la vuelta.




(Fotos Gentileza de Chugo)

Luego de ello transitamos por la belleza del Laberinto. Deborah y Chugo que venían muy por delante pararon en una zona en donde había una cueva. Allí como de costumbre, la flaca fue hasta la montaña y descubrió que había en su interior una correntada fría y que parecía profunda. Esta vez lamentablemente no pudo explorar ya que un desmoronamiento  impedía su entrada al interior.



Deborah explorando la entrada a la cueva (Foto Gentileza de Chugo).

En nuestro camino disfrutamos de esa belleza sin igual que tiene el camino de la Ruta Provincial 27. Este laberinto sin lugar a dudas depara, además de un paisaje sorprendente, gratas sorpresas.  
Cuando ya promediaban las 14:40 horas un grupo de vicuñas, nos sorprende en el camino y nos depara un espectáculo maravilloso ante nuestra invasora presencia.






A este regalo se le sumaron los increíbles paisajes que seguiríamos viendo hasta Salar de Pocitos. Mientras tanto con Juan íbamos hablando de todo lo visto, de lo que había por ver y de ver si aún había forma de convencer a Chugo.





Llegados a Salar de Pocitos las emociones se hicieron presentes en el marco de un paisaje ya conocido pero que no deja de sorprender en la dimensión de su belleza. En el marco de esta Puna inmensa, Chugo y Deborah se despedían de la travesía con palabras de emoción, apretones de manos, abrazos y también con algún que otro lagrimón que se nos piantaba.
El adiós de los V4 marca en esta parte del viaje el principio del fin. A partir de aquí Chugo y Deborah regresarían a San Antonio de los Cobres para pasar la noche allí y regresar a Salta para hacer las reparaciones necesarias al auto. Luego de ello volverían a San Antonio de los Cobres y junto a su inefable "tractor" llegarían al Abra de Acay. Realmente es una lástima no tener testimonio de ello, ya que un accidente con la cámara hizo que la misma dejara de funcionar pasando por la zona de Alto Chorrillos. 


Mientras Chugo y Deborah se alejaban en la infinita recta de la Ruta Provincial 27, Juan y yo teníamos un plan trazado que era encontrar a Cecilia a ver si podía darnos alojamiento, cosa que nos fue imposible. Nos quedaba ver en la sala de primeros auxilios. Hablamos con dos enfermeras quienes en principio pusieron algunos reparos, pero ante nuestra insistencia y que les decíamos que de última tirábamos la bolsa de dormir, ellas estaban dispuestas a acceder siempre y cuando no tuviéramos otra posibilidad. 
Pero ¿cúal era la otra posibilidad? María no alojaba más gente, Cecilia no se encontraba y en puesto sanitario nos dejaban condicionado a las otras posibilidades. Las enfermeras nos animaron a que solicitáramos alojamiento a la Minera del Altiplano que tiene una sede en Salar de Pocitos. 
Ante la negativa por parte de la minera y que la única posibilidad era tirar las bolsas en el puesto sanitario y que eran las 16:30 horas, es que lo animé a Juan a que cambiáramos de plan.
Juan queda más de tres horas y media de luz, sos vos el que conducís si vos me decís si, vamos, nos vamos. En menos de tres horas seguro que estamos en el límite con Catamarca y saco el plano que había armado para mostrarle. A partir de allí yo conozco el camino. Que vamos a hacer acá hasta que anochezca!!!, le espeto.
La mirada cómplice de otro "Loco por la Puna" como Juan no tardó en acusar la intensión y una amplia sonrisa terminó por despejar todas las dudas.
Un repentino cambio de planes se ponía en marcha!!!

4 comentarios:

Chugo dijo...

Excelente!

En los próximos post viajaremos en la EcoSport con Uds. y -de alguna manera- Deborah y yo daremos "por cumplido" el último objetivo.

Un abrazo.
Chugo.

Axel Kiberl dijo...

Por supuesto que sí!!!
Lo voy a postear al detalle para que cuando decidas hacer este camino tengas muchas referencias.
Saludos.
Axel.

Laureano Villanueva dijo...

Hermoso felicitaciones

Laureano Villanueva dijo...

Hermoso felicitaciones